En el actual contexto laboral chileno, donde la velocidad del cambio, las expectativas de disponibilidad constante y la complejidad de los desafíos aumentan continuamente, la capacidad de gestionar el estrés se ha convertido en una competencia profesional fundamental. No es un tema de bienestar opcional, sino una habilidad crítica que determina la trayectoria profesional, la efectividad en roles de liderazgo y la sostenibilidad de la carrera a largo plazo.